Me desperté con la emoción, dentro de… ¡luz!…
Abrí los ojos a la voz de mi “creador”, no a
la voz de una madre y tan pronto como pude ver de nuevo, frente a mi había un
edificio que se caía a pedazos, ladrillo a ladrillo, estaba parado en algún
patio corroído de alguna ciudad, con una voz sobre mi hombro izquierdo,
diciéndome que había renacido para ser un Guardián… y así comenzó mi vida de
nuevo.
No podía recordar nada de mi dicha “vida
pasada”, la voz no me dijo nada al principio… No recordaba mi nombre, no
recordaba el tiempo, o los momentos ni lugares…
En medio de mis pensamientos analógicos, la
voz me sugirió resguardarme en el interior del edificio, así que entré.
La
atmosfera polvorienta y tranquila del lugar era demolida por una apertura de
tamaño descomunal, obviamente no fue premeditada, ya que atravesaba estantes
repletos de libros con precisión horrible. Me acerqué a una silla preparando de
manera urgente una serie de preguntas a mi conciencia, pero no pude evitar
seguir caminando observando las ruinas de lo que al parecer era una humilde
biblioteca repleta de libros de encuadernado nuevo y elegante, pero a lo lejos
logré ver un estante diferente al plano y liso verde metálico y alfombrado rojo
de terciopelo… Era madera, al intentar tomarla noté que estaba vestido y fue
cuando note algo dentro de mí que ardía, pero no me quemaba y sin embargo no se
apagaba.
La voz me dijo que la luz del viajero estaba
dentro de mí y fui elegido para ser guardián por la facilidad de mi cuerpo y mi
mente para blandir la luz en contra de nuestros enemigos.
Al preguntarle quien era yo, me dijo que eso
no es una pregunta que debía hacerle a cualquiera. Al estar de pie frente al
estante de madera y pensar en mi nueva vida noté los huesos que estaba
quebrando con cada uno de mis pasos.
Incontables cadáveres, sin sentido, sin
emoción, sin luz… Voltee de nuevo al estante y ahí estaba un libro cuyo título
me hizo sentir algo, “Los tres mosqueteros” y lo recordaba, las historias de
D’artagnan, y los tres mosqueteros, Athos, Porthos, Aramis… “Uno para todos,
todos para uno”… Lo recordaba sin duda. El pensamiento de la pérdida de esas
personas llenó de congoja mi mente.
En esta vida, sería D’artagnan, un valiente y
honorable caballero, que luchaba por ideales ejemplares. Sería un Guardián y
mientras en mi cabeza la idea se acentuaba más y más, la voz me dijo con tono
urgente, que debíamos irnos lo más pronto y lo más lejos posible del lugar.
Salí a trote de la biblioteca con el libro en
mi mano, lo puse a la fuerza en uno de mis bolsillos y al estar a metros de la
puerta, note una figura infrahumana, cuya silueta era más parecida a un muñeco
de palo con los que te juegan bromas pesadas, pero cuando la luz del sol toco
su piel, pude notar su solidez y de un paso lateral casi como un salto estaba
ya fuera de su vista.
La voz me sugirió evitar conflicto por ahora y
esperar refuerzos pues estaba rodeado, era demasiado tarde, la colmena y los
caídos peleaban por el terreno y la biblioteca era parte de la zona de guerra.
La voz me dijo que ella era mi espectro, una
extensión del viajero en sí, algo así como un ángel designado para ayudar a los
guardianes y ella me había seleccionado a mí para ser su Guardián y que era
cuestión de tiempo para que la vanguardia nos encontrara… Tomé mi libro y ya no
sentí la necesidad de conservarlo, así que lo regresé al estante donde estaba
destinado a dormir en paz, quizás, hasta que alguien más lo encontrase como yo.
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